Visitaron Eslovaquia

Si explota una bomba nuclear, los únicos que sobrevivirán serán los eslovacos


Bratislava cuadro

Autor del texto: Abram Muller, neerlandés, empresario en el sector turístico, residente en Bratislava

La primera vez que visité Checoslovaquia fue a principios del verano de 1986. En aquellos años Praga fue una ciudad vacía sin alma, donde (según un escritor checo) la gente encontraba la libertad solamente en el sexo y en la fantasía – las únicas esferas donde el régimen comunista no consiguió entrar.

Bratislava emanaba algo totalmente diferente que Praga. Noté allí un temperamento de las naciones del sur de Europa, cierta despreocupación, la vida se vivía también en los espacios abiertos en las calles y no solo en los interiores como en Praga. En comparación con la algo monótona lengua checa, la lengua eslovaca sonaba amistosa y musical. En el casco antiguo estaba la gente sentada en las terrazas bebiendo cerveza. Mientras Praga estaba paralizada por la supresión de la inteligencia, a los eslovacos en Bratislava como si no les importara y seguían viviendo sus vidas. Me sentía aquí casi como en casa.

Volví a Bratislava a principios del año 1990 después de la caída del Telón de Acero. Y encontré aquí el mismo ambiente, a la gente sentada en las terrazas bebiendo la cerveza. Desde este punto de vista me atrevo a decir que ni siquiera hoy, 20 años después, no ha cambiado mucho. Cambió la escena, los edificios, las calles, las tiendas, pero la gente sigue siendo la misma. Puede parecer que ser eslovaco no es fácil – le falta una historia de reyes, de batallas famosas, del heroismo y de la efusión de sangre. Pero el eslovaco puede estar orgulloso de que sus antepasados sobrevivieron la dominación de otros. Allá donde las demás naciones se habrían extinguido, los eslovacos sobrevivieron gracias a que vivieron sus vidas ordinarias cotidianas.

Después de veinte años viviendo en Eslovaquia veo que los eslovacos son muy diversos y al mismo tiempo iguales. Cada generación lleva consigo su conocimiento de la vida, pero existe una cosa que los sigue uniendo durante siglos y que los diferencia de las demás naciones – vivir constantemente su vida cotidiana en todas las circunstancias.

A veces me pongo a pensar en que si algún día explota una bomba nuclear, la única nación que sobrevivirá, viviendo sus vidas cotidianas como si nada hubiera pasado, serán los eslovacos.

Fuente: mzv.sk

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Madrileños por el mundo: Eslovaquia (2016)


En uno de los episodios del programa español Madrileños por el mundo de Telemadrid Víctor, Sandra, Susana y Pablo, cuatro madrileños le cuentan a Paqui Peña sus experiencias de vivir en Eslovaquia.

Entrevista: “La gente realmente no sabe cómo es Eslovaquia.”


Daniel Fernández Cantalapiedra es un español que vive y trabaja en Eslovaquia. Es coach, entrenador personal y generador de nuevos hábitos saludables. Es autor del libro FIT-R: creación de nuevos hábitos saludables. En esta entrevista Daniel comparte su interesante experiencia de vivir en Eslovaquia.

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1. ¿Cuánto tiempo llevas viviendo en Eslovaquia?

Llevo viviendo en Eslovaquia desde finales de 2014. Aunque he tenido alguna «pausa» o parón, puesto que durante este tiempo (hasta el momento de la realización de esta entrevista, marzo de 2016) he vuelto a España un par de meses para trabajar en mi país natal.

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Entrevista: “Jamás pensé que me sentiría en casa en otro país”


Aylin Yisel Villarreal es de Panamá y tiene 22 años. En mayo de este año visitó Eslovaquia por primera vez y en esta entrevista comparte con ustedes su experiencia.

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1. ¿Cuándo estuviste en Eslovaquia? Cuánto tiempo pasaste allí?

Bueno estuve en Eslovaquia el 1 de mayo del 2015 hasta casi el 20 de mayo. Originalmente solo me iba a quedar 7 días, ya que fue mi primera vez viajando sola a Europa, había leído solo por encima algunas cosas de Eslovaquia debido que hace ocho meses atrás no encontraba mucha información de experiencias de viajeros en Eslovaquia. Y lo único que lograba leer en la mayoría de Blogs era que Eslovaquia solamente era para quedarse máximo cuatro días. Por eso no estaba segura y al principio había decidido solo quedarme una semana. Ya cuando estuve allá me gustó tanto que decidí quedarme por 13 días más 😀 .

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Los eslovacos del extranjero llegarán a estudiar en Eslovaquia


El 4 de agosto llegarán a Eslovaquia 30 jóvenes de 15 a 18 años de Hungría, Ucrania y Rumanía para estudiar en la ciudad de Modra durante una semana. Todos serán hijos de los eslovacos que viven en el extranjero. El proyecto se llama Escuela bilingüe de la cultura eslovaca y la lengua inglesa. Los jóvenes, aparte de estudiar, irán conociendo la historia y la cultura de las ciudades cercanas a Modra.

El 25 de agosto llegarán otros 30 estudiantes para estudiar informática.

Eslovaquia, entre ayer y hoy


El artículo es del señor César de Miguel Santos. Fue publicado en el libro ¡Sí! en 2009.

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Eslovaquia, o al menos Nitra, no es lo que era hace algún tiempo. Hace ya nueve años que vine a Eslovaquia. Entonces varias cosas llamaban la atención de un madrileño recién llegado desde el centro de España: la poca cantidad de automóviles en las carreteras, y que fueran la mayoría viejos Skoda milagrosamente en funcionamiento; la poca conservación de muchos edificios, prácticamente todos; y la gran belleza de las mujeres, prácticamente todas.

Hoy, en cambio, los coches se han multiplicado. Los viejos Skoda son ya una rara reliquia, escondidos quizás en las cocheras de coleccionistas, o simplemente desaparecidos para siempre. En su lugar, coches nuevos van y vienen por unas calles y unas carreteras algo mejoradas, y los coches de lujo son elemento habitual del paisaje urbano en muchas ciudades, como Nitra.

En el pasado, la frontera entre Austria y Eslovaquia parecía que separaba dos mundos totalmente diferentes. Uno era sofisticado, limpio, cuidado… casi aristocrático; el otro era gris, destartalado, descuidado… como apenas salido de un materialismo anodino, sin ideas, sin estética y sin recursos. Pero era diferente, y eso le hacía más interesante, más fresco, lleno de emoción y desconocidas aventuras, al menos para un ciudadano como yo, de una Europa con raigambre capitalista. Y aun así la diferencia me parecía poca, pensando cómo hubiera sido aquello cuando Eslovaquia no era Eslovaquia, sino Checoslovaquia, o cuando el socialismo comunista no había aún sido derrotado por el capitalismo imperante en Occidente. “¡Qué lástima!”, pensaba, “no haber venido antes; hubiera visto aún mayor distancia con respecto a mi propio mundo, habría experimentado más intensamente otro estilo de vida.”

Evidentemente, mi pensamiento era el del visitante, que llega pensando en volver tarde o temprano a casa con una experiencia más en la maleta. ¿Quién me iba a decir entonces que me quedaría tanto tiempo, a lo mejor toda la vida? Cuando me concedieron una plaza de profesor en Nitra, en Eslovaquia, no me lo pensé dos veces antes de decir que sí, aunque no sabía en absoluto dónde estaba. También mis amigos me animaban a que fuera al extranjero…  ¿Querrían deshacerse de mí o me querían? De cualquier modo, hacerme profesor suponía una mejora laboral, y un viaje a un país tan desconocido para los españoles tenía tanto de aventura que no podía dejar escapar esa oportunidad.

Todo fue bien hace ya nueve años y ha seguido yendo bien hasta ahora. El tiempo transcurrido me ha ido dejando más cosas buenas que malas, y por eso sigo aquí. Lo único que lamento es que Nitra haya cambiado tanto en tan poco tiempo. No porque crea que antes se vivía mejor, sino porque se ha perdido, desde mi subjetivísimo punto de vista, el encanto y el romanticismo de los viejos Skoda, del materialismo anodino y de la aventura desconocida… ¡y hasta de lo feo, lo gris y lo vulgar!