Eslovaquia, entre ayer y hoy


El artículo es del señor César de Miguel Santos. Fue publicado en el libro ¡Sí! en 2009.

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Eslovaquia, o al menos Nitra, no es lo que era hace algún tiempo. Hace ya nueve años que vine a Eslovaquia. Entonces varias cosas llamaban la atención de un madrileño recién llegado desde el centro de España: la poca cantidad de automóviles en las carreteras, y que fueran la mayoría viejos Skoda milagrosamente en funcionamiento; la poca conservación de muchos edificios, prácticamente todos; y la gran belleza de las mujeres, prácticamente todas.

Hoy, en cambio, los coches se han multiplicado. Los viejos Skoda son ya una rara reliquia, escondidos quizás en las cocheras de coleccionistas, o simplemente desaparecidos para siempre. En su lugar, coches nuevos van y vienen por unas calles y unas carreteras algo mejoradas, y los coches de lujo son elemento habitual del paisaje urbano en muchas ciudades, como Nitra.

En el pasado, la frontera entre Austria y Eslovaquia parecía que separaba dos mundos totalmente diferentes. Uno era sofisticado, limpio, cuidado… casi aristocrático; el otro era gris, destartalado, descuidado… como apenas salido de un materialismo anodino, sin ideas, sin estética y sin recursos. Pero era diferente, y eso le hacía más interesante, más fresco, lleno de emoción y desconocidas aventuras, al menos para un ciudadano como yo, de una Europa con raigambre capitalista. Y aun así la diferencia me parecía poca, pensando cómo hubiera sido aquello cuando Eslovaquia no era Eslovaquia, sino Checoslovaquia, o cuando el socialismo comunista no había aún sido derrotado por el capitalismo imperante en Occidente. “¡Qué lástima!”, pensaba, “no haber venido antes; hubiera visto aún mayor distancia con respecto a mi propio mundo, habría experimentado más intensamente otro estilo de vida.”

Evidentemente, mi pensamiento era el del visitante, que llega pensando en volver tarde o temprano a casa con una experiencia más en la maleta. ¿Quién me iba a decir entonces que me quedaría tanto tiempo, a lo mejor toda la vida? Cuando me concedieron una plaza de profesor en Nitra, en Eslovaquia, no me lo pensé dos veces antes de decir que sí, aunque no sabía en absoluto dónde estaba. También mis amigos me animaban a que fuera al extranjero…  ¿Querrían deshacerse de mí o me querían? De cualquier modo, hacerme profesor suponía una mejora laboral, y un viaje a un país tan desconocido para los españoles tenía tanto de aventura que no podía dejar escapar esa oportunidad.

Todo fue bien hace ya nueve años y ha seguido yendo bien hasta ahora. El tiempo transcurrido me ha ido dejando más cosas buenas que malas, y por eso sigo aquí. Lo único que lamento es que Nitra haya cambiado tanto en tan poco tiempo. No porque crea que antes se vivía mejor, sino porque se ha perdido, desde mi subjetivísimo punto de vista, el encanto y el romanticismo de los viejos Skoda, del materialismo anodino y de la aventura desconocida… ¡y hasta de lo feo, lo gris y lo vulgar!

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